lunes, 22 de diciembre de 2025

3 CONCEPTOS EN DEBATE: REINO ASTUR, RECONQUISTA Y CONCEPTO DE ESPAÑA (Intro para darle caña a la serie Monarquía Asturiana para Amiguetes)

Con el Reino Astur da comienzo la Reconquista de España. 

Bueno, pues en sólo esas diez palabras, aparecen tres conceptos hoy en día motivo de debate: Reino Astur (o asturiano), Reconquista y España.

Es cierto que en las crónicas cristianas de la época no se menciona al Reino de Asturias. Y también es cierto que los reyes protagonistas de las páginas que siguen no se autonombraban como tales. Para mayor dificultad, una parte importante de los poderes del reino, la nobleza de Galicia, sintiéndose heredera de los grandes señores del reino suevo, siempre se mostró reacia a aceptar el nuevo status en el que Asturias se erigía como centro de gravedad político de la zona. Con toda probabilidad, la renuencia de los gallegos/suevos a ser “absorbidos” por los asturianos se debía a que en ellos veían a los visigodos que los habían sometido manu militari hacía relativamente poco tiempo (585).

A los máximos líderes políticos del área limitada por el Cantábrico por el norte; por el Atlántico por el oeste; por los montes Vasco-cantábricos, Astúricos y Galaicos por el sur;  y por las tierras navarras por oriente, los llamaré reyes asturianos a pesar de la opinión de algunos puristas. Si se hicieron proclamar prínceps o reyes, si establecieron sus sede en Cangas de Onís, Pravia, San Martín y Oviedo con sus correspondientes protocolos áulicos; y si mantuvieron un cierto nivel de soberanía sobre sus vecinos… ¿Por qué no llamarlos reyes asturianos? ¿No llamamos también reyes a los régulos navarros cuyo ámbito territorial de poder era diminuto?

El segundo concepto controvertido es el de  Reconquista.

Esta palabra apareció a finales del siglo XVIII, pues anteriormente el vocablo que se usaba para el largo proceso de expulsión del invasor sarraceno era el de “restauración”. Y aunque esta expresión queda mucho más light, inevitablemente lleva en sí la más agresiva idea de “reconquista”. Si se trataba de restaurar lo preexistente a la invasión sarracena de 711, tal restauración exigía la recuperación del territorio, que no tenía otra posibilidad de llevarse a cabo más que por la vía militar. Hubiese sido infantil creer que los moros estaban dispuestos a abandonar motu proprio todo lo que habían ya ocupado.

 

A mí me parece que recuperar algo que un tercero ha conquistado es, objetivamente, una reconquista, pero los enemigos de este vocablo alegan que los agarenos que fueron derrotados por los sucesivos monarcas entre don Pelayo y los Reyes Católicos, no eran los mismos que perpetraron la conquista, con lo que el concepto se diluye. Es igual; no se trataba de reconquistar a las personas, sino a los territorios, y estos no habían variado.

A los mal llamados árabes, que se habían extendido en poco más de un siglo desde Agadir hasta Karachi (¡Casi 8.000 km de punta a punta!), se enfrentaron los reyes hispanos a pesar de que los invasores fueron reforzados en tres ocasione por almorávides (1086), almohades (1146) y benimerines (1276). Y poco a poco, batalla a batalla, pacto a pacto, boda a boda, siglo a siglo, consiguieron devolver a los muslimes al lugar del que habían salido, recuperando el terreno que en otro tiempo se les había usurpado sin otro derecho que el de la fuerza. Pero, y creo que esto es clave, desde Alfonso III (866) nunca se perdió de vista la idea de recuperar lo perdido, no sólo físicamente sino también anímica y espiritualmente.

Algún enemigo del concepto de Reconquista lo devalúa sobre la base de que los cristianos no eran conscientes del proceso reconquistador. No es cierto; lo eran. En las pocas líneas que me permite el sistema AMIGUETES, del que os recuerdo mi propósito de no sobrepasar nunca las 4 páginas, no puedo hacer grandes argumentaciones, pero diré que los más importantes medievalistas de España (Abilio Barbero, Menéndez Pidal, Pérez de Urbel, Sánchez Albornoz, Ferrán Soldevilla, Vals i Taberner, Marcelo Vigil…) están francamente a favor de la idea de Reconquista. Ya sé que el argumento de autoridad no es el más poderoso, pero admitamos que son nombres que apabullan. Además ¿Por qué debía ser necesaria una conciencia reconquistadora? Según eso ¿Colón no descubrió América porque no era consciente de que lo hacía?

Pero es cierto que otros muchos intelectuales rechazan el concepto de “reconquista”. Llama la atención que Ortega y Gasset esté entre ellos alegando que no hay guerras que duren 800 años (ni cuerpo que lo resista, añado yo), pero eso es un error del conspicuo pensante. La Reconquista no fue una guerra; fue un proceso que incluyó guerras, batallas, batallitas y escaramuzas que, además, estaban veteadas de intereses económicos, amoríos, rencillas personales, alianzas estratégicas, traiciones, treguas, cambios colectivos de mentalidad o, sencillamente, el azar.

Y que había un “concepto nacional” de reconquista no es difícil demostrarlo. Son muchas las operaciones conjuntas de los diversos reinos contra la morisma, pero pondré como ejemplos la primera toma de Almería (1147) en la que una flota catalana colaboró con Alfonso VII “El Emperador”; o la batalla de las Navas de Tolosa (1212) donde se presentaron a luchar Castilla, Navarra, Aragón y las cuatro órdenes militares (la de Montesa era de Aragón), mientras que los 2 reinos que no acudieron al encuentro, Portugal y León, se comprometían a no atacar las retaguardias que cada uno de los monarcas combatientes dejaba desguarnecida. ¿Por qué iban a pactar algo así?

Las crónicas a partir de Alfonso III hablan ya de expulsar a los árabes solidariamente, con omisión del nombre de los reinos cristianos que participaban en esa expulsión. Hasta 1.492 no dejaron de hacerlo.


Y la tercera voz que no gusta oír a muchos es la voz España. Se dice que España no aparece en la Historia hasta la toma de Granada (1492), hasta la llegada de los borbones al trono hispano (1700), hasta la Constitución de 1812 o hasta el reinado de Alfonso XII (1875). Hay para todos los gustos.

Yo tengo que negar esto. España como entidad política existe al menos desde los tiempos de los romanos. El primer procónsul en Hispania, que lo fue Cneo Cornelio Escipión en nombre de su hermano Publio, es de 217 a. C. Y no hará falta recordar que los procónsules y pretores que año a año, sin fallar uno, nos envió Roma para “gobernarnos” eran magistrados que ejercían sus funciones en las provincias; no en comarcas geográficas sino, repito, en unas entidades políticas llamadas provincias. Hispania, por tanto, como demuestra el trato administrativo que Roma le daba, no era un mero accidente geográfico, sino que era una entidad política, una provincia, que luego se fue subdividiendo en otras. Para las zonas geográficas no se designaban esos cargos; no hay procónsul para los Vosgos, o para el valle del Rhur, o para las Ardenas, pero para España (o Hispania o Spania), sí.

Tras la batalla de Vouillé (505), los visigodos derrotados se establecieron en España creando un reino que, en principio, se llamó Regnum Gothorum (reino de los Godos) y posteriormente Regnum Hispanæ o Spaniæ (Reino de España). Entonces… ¿No existía España?

Los visigodos crearon un reino con un solo monarca; una capital (Toledo); un topónimo para todo su territorio (Spania); un ejército nacional que luchó tanto contra el enemigo exterior común (Imperio Bizantino), como contra los interiores (vascones, el dux Paulo…), como para invadir a los vecinos (suevos); una política unitaria definida por unos concilios a los que asistían docenas de prelados, algunos recorriendo más de 600 km en mula, y cuyos cánones tenían validez en toda Spania; un corpus legal idéntico para todo el reino, un sistema fiscal común… Y el imperium del monarca era tal que podía hacer cambiar de creencias religiosas a todos sus súbditos

Me pregunto qué más requisitos se pueden exigir para admitir que España, o Spania o Hispania, era ya entonces una entidad política viva y autónoma.

Las menciones a España antes de los Reyes Católicos son incontables. San Isidoro escribe una Laus Hispaniæ/Spaniæ (Alabanza de España) en 624; el obispo Sinderedo, firma las actas del Concilio de Roma (721) como Episcopus ex Hispania (Obispo de España); Beato de Liébana, en su famoso himno en favor del patronazgo de Santiago (783-788), menciona potitus Hispaniam (apoderarse de España) y Caput … Hispaniae (Cabeza … de España); Alejandro II dicta una bula de la Santa Cruzada (1064) a favor de la lucha contra los musulmanes de la Península que se titula Eos qui in Ispaniam (Los que en España); Gregorio VII escribe en 1073 una carta en la que se lee: “…regnum Hispaniae ab antiquo proprii iuris Sancti Petri fuisse (el reino de España desde antiguo perteneció a San Pedro ¡El reino de España!). En fin, las alusiones a España, citada por su nombre latino o godo, son constantes en la crónicas altomedievales y las historias de España florecen en los siguientes siglos con apabullante lujuria, siendo acaso la más famosa de ellas la “Estoria de España” de Alfonso X el Sabio.

¿Cómo que no existía España?