martes, 17 de marzo de 2015

¡AHÍ VA EZA! ( Ministro de la Guerra Don Luis Marichalar y Monreal, vizconde de Eza


Paseaba Don Eduardo Dato, a la sazón presidente del Consejo de Ministros,  por el Retiro madrileño en la primavera de 1920. Iba acompañado por Don Francisco Bergamín García, político malagueño, buen amigo de Dato, sagaz, chungón, de hablar algo ceceante y padre del más tarde famoso escritor José Bergamín.
Don Eduardo consultaba al andaluz sobre cómo solucionar cierta crisis de gobierno. En la conversación surgieron varios nombres para ocupar la cartera de Guerra, pero todos fueron desechados por alguno de los contertulios porque con ninguno de ellos se conseguía encajar el habitual y complicado “puzzle” de partidos e intereses.
En cierto momento se cruzaron en su caminata con una jai, guapa, joven, rumbosa, sandunguera…
-Oiga Don Eduardo –dijo Bergamín probablemente dando con el codo a su contertulio- Zi yo fueze uzté le daría la cartera de Guerra a eza.
Continuaron paseando y charlando, despidiéndose más tarde y marchando cada uno a su casa sin haber solucionado el problema.
Al día siguiente se volvieron a encontrar.
-Muchas gracias Don Francisco. Lo he estado pensando toda la noche y me he dado cuenta de que tenía usted razón; he seguido su consejo y he nombrado ministro al Vizconde de Eza.
El 23 de mayo juraba su cargo como Ministro de la Guerra Don Luis Marichalar y Monreal, vizconde de Eza.
¿Será cierta tal conversación?

viernes, 13 de marzo de 2015

LA MUERTE DE FERNANDO VI


Cuando el 27 de agosto de 1758 entregó el espíritu Dª. Bárbara de Braganza, su desconsolado esposo el rey D. Fernando, sexto de los de su nombre en España  (1713-1759), se recluyó en el castillo de Villaviciosa de Odón, muy cerquita de Madrid.
El monarca era un depresivo bipolar (igual que su padre Felipe V) al que la muerte de su mujer, de quien estaba muy enamorado, simplemente enajenó definitivamente. El 25 de septiembre el embajador inglés informa a la Corte de San Jaime de que el rey no quiere saber nada de cuestiones de gobierno y que lleva una semana en la cama, no queriendo hablar más que con médicos.
En noviembre vuelve a comunicar que, en los últimos 10 días, el rey no ha dormido más allá de 5 horas en pequeñas siestas, y eso sentado. Al parecer no se tumba en la cama porque cree que en cuanto se acueste morirá.
Con altibajos, como todos los bipolares, se consigue que salga de caza algunas tardes. Pero cuando, al poco tiempo, se entera de la muerte de su cuñado, D. José de Braganza  (la boda de Fernando y Bárbara se efectuó al mismo tiempo que la de este José, príncipe de Brasil, con la infanta española Ana María Victoria), ya no se puede recuperar.
Una mañana se encerró en su habitación y no salió de ella ni para oír misa (y eso que era obsesivamente devoto). Los nobles le observaban por alguna rendija se la puerta y le veían paseando en silencio de un lado a otro de la habitación, manteniéndose en esa actitud hasta las 3 de la madrugada.
Otra vez permaneció sentado 18 horas, de cara a la pared, en el borde de un taburete. No era infrecuente verle morder la vajilla metálica (se había eliminado, por seguridad, todo el cristal de sus alrededores).
Un buen día se metió en la cama y ya no se levantaría ni a hacer sus necesidades. A quienes necesitaban entrar en la habitación, les recibía lanzándoles los excrementos que tenía entre las sábanas.
El 10 de agosto de 1759, menos de un año después de la muerte de Bárbara, Fernando VI abandonó este Valle de Lágrimas. Desde los Reyes Católicos hasta Alfonso XIII, todos los reyes de España han sido un ejemplo de “bienmorir”; todos menos este pobre desgraciado demente.

jueves, 12 de marzo de 2015

Simón Peres, NO FUE PEREZ


Simón Peres (1923) es hoy presidente de Israel y ha ejercido diversos cargos políticos en diferentes gobiernos laboristas de ese estado. Aunque ha tenido actividad política desde 1948, su nombre no saltó a la fama en nuestra tierra hasta que fue nombrado, durante los años 80, Ministro de Asuntos Exteriores de su país.
Mucha gente cree que su apellido revela una ascendencia judeo-hispana o, dicho de otra forma, que era un Pérez sefardita; pero no es así.
Tamar, la mujer que soportaba los coitus interruptus de Onán, mantuvo un encuentro sexual con su suegro, Judá, del que concibió mellizos. En el parto, uno de ellos sacó la mano y la partera le ató un lazo rojo a la muñeca, pero el bebé volvió a meter la mano y fue su hermano el que salió primero: “Ella dijo: ¡Cómo te has abierto brecha! y le llamó Peres” (Gn. 38,29). 
El Libro también cita a Rimón-Peres como un lugar, probablemente en la península del Sinaí, donde los israelitas acamparon en su fuga de Egipto y posterior peregrinación por el desierto. “Partieron de Ritma y acamparon en Rimón Peres” (Nm 33, 19). Los arqueólogos no han localizado este lugar aún.
Pero aunque esta mención sea un topónimo y puede ser discutible su aplicación al apellido de Simón Peres, la Biblia cita un par de veces más este nombre como antropónimo. Una: “Peres, tu reino ha sido roto y dado a los medos y a los persas” (Dn 5,28).
Y la otra: “Maacá mujer de Maquir dio a luz un hijo, a quien llamó Peres” (I Cr. 7, 16). Maquir era hijo de Manasés y éste era hijo de José, aquel undécimo hijo de Jacob al que sus hermanos tiraron a un pozo y que terminó siendo administrador y yerno del faraón.

miércoles, 11 de marzo de 2015

REPARTO DE CABEZAS TRAS ZALACA


La Batalla de Zalaca o Sagrajas (1086), tuvo lugar muy cerca de Badajoz entre tropas cristianas y almorávides con derrota de las primeras.
Tras la toma de Toledo el 25 de mayo de 1085, algunos dirigentes morunos  (entre otros los emires de las taifas de Badajoz  y Granada y los cadíes de Sevilla y Córdoba), algo asustados, llamaron en su ayuda a Yusuf ibn Tasufin que, inmediatamente, atendió con sus almorávides la petición de sus colegas en la ley de Mahoma.
Cruzó Yusuf el Estrecho con 7.000 hombres, muchos de ellos negros senegaleses, aunque fue añadiendo tropas en España hasta reunir, al llegar al teatro de operaciones, Sagrajas, unos 30.000 soldados.
Por parte cristiana, entre las tropas del rey castellano- leonés Alfonso VI y las de su aliado, el rey de Aragón Sancho Ramírez, mandadas por el caudillo Alvar Fáñez (el primo hermano, o incluso tal vez hermano, del Cid), se habían conseguido reunir 60.000 guerreros.
Bueno, todo esto está muy bien, pero los estudios más modernos nos hablan de que probablemente los sarracenos serían unos 7.000, la mayoría infantes o de caballería ligera, mientras que los cristianos serían unos 2.500;  de ellos 1.000 serían infantes y 1.500 de caballería, la mitad ligera y la otra la gran caballería compuesta por nobles.
Los musulmanes ofrecieron a Alfonso tres opciones: rendirse y convertirse al Islam, rendirse y pagar tributos o combatir. No sé yo si Alfonso acertó.
Algunas crónicas indican que palmaron cerca de 60.000 cristianos y sólo 100 personas, entre ellas Alfonso (aunque herido), consiguieron retirarse a sus bases, pero lo más sorprendente es lo que cuenta una crónica árabe con respecto a la escabechina cristiana.
Parece que con las cabezas de los cristianes muertos se hicieron 5 montones de 10.000 cabezas cada uno. Un montón se envió a Córdoba., otro a Murcia, otro a Sevilla, otro a Valencia y otro a Zaragoza. Como aún sobraban otras 40.000 cabezas de cristianos, se repartieron por diversas ciudades españolas y del norte de África.
Maravillosa (y envidiable) imaginación muslim.

jueves, 29 de enero de 2015

UN ARQUITECTO DE CARÁCTER: Francisco Javier Sáenz de Oiza


Francisco Javier Sáenz de Oiza, fue un gran arquitecto. Terminó la carrera en 1946, con premio extraordinario, y al año siguiente obtuvo el primero de sus dos premios nacionales de Arquitectura. Aunque su calidad profesional está más que consolidada entre la opinión pública y la crítica, personalmente, parece que tenía lo que se dice “un pronto” que le convertían en un personaje bastante desconcertante (y a veces divertido).
Sus obras son muy conocidas porque en la mayoría de ellas no deja de haber cierta dosis de provocación. Es autor del edificio que en Madrid se suele llamar “El ruedo” (al borde de la M-30), que es curvo con pequeñas ventanas y que se concibió como viviendas sociales destinadas a familias de raza gitana; del santuario de Nª Sra. de Aránzazu, en Oñate; de Torres Blancas, que es ese  edifico compuesto por varios cilindros de cemento visto, que está en Madrid, justo en donde empieza la carretera de Barcelona a la izquierda (y donde él vivía); del Palacio de Festivales de Cantabria, con colorines que desentonan con la estética de la bahía…
De él por su personalidad, se refieren muchas anécdotas. De su historial extravagante he extraído un par de ellas.
Siendo estudiante de arquitectura, el profesor de proyectos planteó a los alumnos el que cada uno de ellos debería traer el diseño de un monumento a un concepto, no recuerdo cuál, de carácter inmaterial.
Llegada la fecha de entrega cada alumno apareció con los planos de su proyecto. Los de Sáenz de Oiza representaban una estructura que terminaba en punta y, sobre ella, a varios centímetros de altura, una forma geométrica que no estaba unida a esa punta por ningún elemento físico.
Cuando el profesor le preguntó cómo pensaba que podría sostenerse aquel sólido si no estaba vinculado por ningún medio real al resto del monumento, el alumno Sáinz de Oiza respondió:
-¡Ah! Yo eso no lo sé ni me importa. Yo soy el arquitecto y digo lo que quiero que se haga. El problema será el del constructor que haya aceptado hacer la obra.
Tenía razón.
Mucho después, a finales de la década de los 80, Sainz de Oiza, ahora él catedrático de Proyectos de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid, presentó a sus alumnos un avance del proyecto del Palacio de Exposiciones de Cantabria, del que era autor, animándoles a que le diesen sus opiniones.
Al principio todos los chicos se mantuvieron en silencio, pero ante la incitación que el propio catedrático hacía, el gallinero se fue animando. Se fue animando, claro, porque se trata de un edificio muy controvertido. Así que uno le habló de lo estridente de los colores, otro del tamaño de las columnas, otro más del vulgar pseudoclasicismo, varios sobre el poco respeto al entorno paisajístico…
Sainz de Oiza aguantaba el chaparrón con cierta dignidad, aunque la procesión iba por dentro. Entonces se levantó un alumno y criticó la escalinata de entrada por diversas razones pero, para terminar, se dirigió personalmente al catedrático preguntándole qué se le ocurría a él que tendría que hacer un minusválido para acceder al edificio.
Sainz de Oiza se levantó colérico, recogió los planos de la mesa casi de un par de manotazos y levantando la mirada hacia el alumnado exclamó:
-¿Saben lo que les digo? ¡Que les den por c… a los minusválidos! -Y tras una breve pausa agregó- ¡Y a ustedes también!

lunes, 26 de enero de 2015

EL DRAMA DEL “LACONIA”


El “Laconia” era un buque mercante que, al comienzo de la II Guerra Mundial, fue requisado por el gobierno de Su Graciosa Majestad, artillado con ocho cañones y dedicado al transporte de personas.
El 12 de septiembre de 1942, navegando por el Atlántico, a la altura de la “panza de África” sin escolta, llevando a bordo 1.500 prisioneros italianos, sus 160 vigilantes polacos, 268 soldados británicos que volvían de permiso, 80 mujeres y niños y una dotación de 136 hombres, fue detectado por el submarino alemán “U-156”. Al anochecer, el sumergible emergió y largó dos torpedos al “Laconia” que hicieron blanco e incendiaron el buque.
Al observar el capitán del U-156, capitán de corbeta Hartenstein, la gran cantidad de náufragos producido por su ataque, se acerca a rescatar a los supervivientes. Al tiempo, avisa al mando de submarinos alemán para que envíen ayuda. El almirante Dönitz envía a la zona otros dos “U-boot”, con instrucciones de recoger náufragos siempre que éstos no entorpezcan la posible maniobra de inmersión de ninguno de los sumergibles alemanes.
En las dos primeras noches Hartenstein recoge a 193 víctimas y ya no le caben más. Los otros submarinos llegados, el “U-506” y el “U-507”, llevan a bordo cantidades similares de náufragos y los tres remolcan cada uno cuatro o cinco botes de salvamento repletos de navegantes del “Laconia”.
El día 16, un B-24 USA, cumpliendo órdenes de su base, bombardea al “U-156” a pesar de que éste exhibía la Cruz Roja. Los más afectados son los botes salvavidas que lleva a remolque. Pero el submarino tiene que sumergirse y todos los refugiados que estaban en cubierta han de saltar de nuevo, de grado o por fuerza, al océano. El 17 el bombardero vuelve a la carga atacando ahora al U-506, que también exhibía la Cruz Roja. Ahora Dönitz, desde Berlín, prohíbe que continúe la operación de salvamento.
Murieron unas 1.500 personas, todas del “Laconia”, porque entre los alemanes no hubo bajas. Algunos náufragos fueron salvados poco después por barcos que el propio Dönitz había solicitado, el día 13, a Francia que enviase desde Senegal y Costa de Marfil, pero otros tardaron mucho en ser localizados. El último de los botes rescatado lo fue 39 días después del episodio narrado; llevaba a bordo 5 supervivientes y 19 cadáveres.
Pero la peor consecuencia fue que Dönitz prohibió que, en adelante, se realizasen operaciones de salvamento sobre barcos de bandera enemiga. ¿Cuántos muertos costó al final de la guerra el torpe ataque del B-24?
Curiosamente, los 3 submarinos que participaron en la operación, fueron echados a pique, exactamente en su siguiente operación bélica.

jueves, 22 de enero de 2015

ANECDOTAS DE QUINTO SERTORIO Y SUS LEGIONES HISPANICAS


Entrando en el siglo I a. C., se produce una guerra civil en Roma entre Mario y Sila. El primero representaba a las clases medias y trabajadoras y el segundo a la aristocracia. Sila consigue al fin la victoria y con ella el poder, convirtiéndose en dictador y desatando una represión brutal.
Los que pudieron escaparon a las provincias periféricas donde se podrían ocultar mejor. Entre los proscritos estaba Quinto Sertorio que, más que huir de Roma a Hispania, como ya estaba aquí destinado, lo que hizo fue no volver a la metrópoli una vez terminado su mandato. Y, no contento con ello, levantó tropas indígenas contra Roma iniciándose así las llamadas Guerras Sertorianas, que azotaron nuestra tierra entre el 82 y 72 a. C.
Sertorio, que era tuerto como Aníbal, tuvo una vida apasionante que merece conocerse. Un día puso en un compromiso a sus jefes consiguiendo  una corona murallis, que era un galardón que se otorgaba al primer militar que superaba la muralla enemiga. Fue herido en la acción, pero mientras venían las asistencias, escapó de la camilla y volvió a tomar otra muralla antes que nadie. Se había ganado dos medallas, pero como el reglamento no contemplaba tal cosa, hubo que inventar para él la corona vallaris, que es algo así como tomar la muralla pero por encima de la puerta.
Pronto descubrió Sertorio que a los feroces hispanos, si se les refinaba con las dosis adecuadas de orden, disciplina, estrategia y táctica, se convertían en su terreno en tropas casi invencibles. Eso es lo que hizo Sertorio: enseñar a pelear a los hispanos con técnicas romanas (además de tomar a sus hijos como rehenes so capa de educarlos a la romana).
Cuenta Plutarco que un buen día, un indígena del campamento de Sertorio llamado Spanos, que tenía una cierva domesticada, le regaló una cría que ésta había parido y que era completamente blanca. Sertorio adoptó al animalito y al poco tiempo le seguía a todas partes mientras se iba acostumbrado a los ruidos del campamento y al estruendo de la batalla. Quinto manejó el asunto con astucia e hizo creer a sus tropas que la cierva blanca era un envío de la diosa Diana (diosa favorita entre los hispanos) y que recibía instrucciones de la divinidad a través del cervatillo.
Se ponía algo de comer en la oreja y la cierva, que se lo aprendió, se acercaba hasta él y le metía, para comer, claro, el morro en el pabellón auditivo. Los soldados veían a cierta distancia al animalito moviendo la boca y Sertorio les decía que estaba recibiendo informaciones de Diana.
IMAGEN PROPIEDAD DE EL JUAN PEREZ. http://eljuanperez.blogspot.com.es/2012/07/sertorio-y-la-cierva.html
Un día del año 75 a. C. la cierva se escapó. Sertorio, que en verdad debía quererla, mandó patrullas de hombres a buscarla, pero los enemigos romanos se enteraron por sus espías de lo ocurrido, así que también mandaron pelotones con el mismo fin pero para matarla. Cuentan los historiadores que era divertido ver a los piquetes de uno y otro bando entrecruzándose pero sin atacarse porque lo que les ocupaba en ese momento era, cada uno por su razón, encontrar al animal huido.
Pasado algún tiempo sin que apareciese la cierva, durante una batalla salió del bosque y se puso en las primeras filas junto a los hispanos. Parece que, según Suetonio, en el fragor de la batalla, pereció pisoteada por un caballo.
Existen otras versiones de su muerte (aunque Plutarco no la narra) pero son aún más lamentables que esta tan poco brillante.