jueves, 9 de abril de 2020

¿ DÓNDE ESTABA JESÚS EL JUEVES SANTO?


V.- JUEVES SANTO

El jueves al atardecer comienza la auténtica Pasión del Señor.
Para hacer la cena de Pascua los apóstoles, siguiendo las instrucciones de Jesús, prepararon una sala (el llamado Cenáculo) en un primer piso, acaso propiedad de un seguidor de Jesús,de una casa situada en un barrio al sur de la ciudad. Allí, a la luz de las teas, tuvo lugar lo que se ha conocido como la Última Cena, que, por cierto, no tuvo nada que ver con lo que podemos ver en la abundante y conocidísima iconografía sagrada al respecto. Pero eso es para otro día.
En esa cena, se produjeron cuatro hechos destacados. El primero fue que el Maestro dio a conocer que iba a ser traicionado por uno de los Doce, lo que venía a demostrar que conocía con anticipación su fatal destino. Por tanto, su sufrimiento, su Pasión, ya le acompañaba desde tiempo atrás. 
El segundo que se humilló voluntariamente ante sus 12 amigos. Con una toalla enganchada en el cíngulo que ceñía su cintura y una jofaina con agua recorrió el puesto de cada uno de ellos lavándoles los pies y secándoselos. Pero hay que valorar dos circunstancias concretas: una que el que le iba a traicionar estaba sentado a la mesa y Jesús le dio el mismo trato que a los otros más leales; y la otra que la acción del rabí no era una simple humillación, era una superlativa humillación porque lo que estaba haciendo Jesús era una tarea reservada a los esclavos.
Eltercero es, claro,la institución de la Eucaristía; sin duda alguna, por más que repetido, el acto central de la vida religiosa del cristiano. No son estas líneas las adecuadas para profundizar en un hecho tan trascendental para el cristianismo, pero si querría decir que son muchos los teólogos (sobre todo protestantes) que fijan en este momento no solo la institución del sacramento, sino la mismísima fundación de la Iglesia (tengo para mí que para devaluar un poquito eltu es Petrus, y ya de paso la del pontificado romano).
Terminada la ofrenda del pan y del vino, Judas salió del Cenáculo sin despedirse demasiado. Claro que a nadie le extrañó, pues por su cargo de tesorero siempre tenía actividades propias en las que los demás apóstoles no se involucraban.
Jesús, terminada la cena, dirigió unas palabras a los apóstoles con consejos y consideraciones diversas de orden religioso y moral,y es en este contexto en el que aparece el cuarto “hecho destacado” a los que me refería más arriba: la formulación del Mandamiento Nuevo, al que ya cité en la crónica del Martes Santo y al que califiqué como una “bomba determinante” de la doctrina cristiana. “Que os améis los unos a los otros, como Yo os he amado”. El conjunto de sus palabra sera sin duda una despedida pues sabía (y la predicción de la traición es muestra de ello) que era la última vez que iba a tener contacto sus amigos antes de su muerte humana.
Cuando Jesús terminó de hablar, sin esperar el regreso de Judas partieron hacia un huerto que estaba en las afuera de la ciudad,como a media hora de camino del Cenáculo,pero al otro lado del torrente de Cedrón. Se hace evidente que las actividades de aquella noche estaban planificadas pues todos sabían, y el primero Judas, que al terminar la cena irían a Betania a dormir, aunque se detendrían a orar en un huerto cercano al camino, y que ya habían visitado en otras ocasiones, llamado Getsemaní.
Cuando Jesús terminó de hablar, sin esperar el regreso de Judas partieron hacia Betania, aunque estaba previsto que, como solían hacer, se detendrían  a rezar en un huerto llamado Getsemaní que estaba cercano al camino. Se hace evidente que todos sabían, y el primero judas, el trayecto y las paradas que el grupo iba a hacer cuando terminase la cena.
Al llegar al huerto Jesús se llevó con Él a Pedro, a Juan y a Santiago para que le acompañasen a orar. Los dejó juntos encareciéndoles que rezasen y Él se apartó. Cayó de rodillas, con el rostro en el suelo, sufriendo una angustia tan terrible que le llevó incluso a sudar sangre[1], pidiéndole al Padre,textualmente, “si es posible, que pase de mí este cáliz”. Ese “si es posible” proveniente nada menos que del Cristo, del Ungido, da la medida del sometimiento del Hijo a la voluntad del Padre.
Tras superar esa crisis vuelve Jesús a donde había dejado orando (o eso creía Él) a los tres apóstoles y los encuentra dormidos. Bueno, hay que comprender que el día había sido agitado, las emociones fuertes, la cena copiosa, acaso las libaciones abundantes y el trayecto entre el cenáculo y Getsemaní remontando la empinada ladera oriental del valle del Cedrón no se hacía por una calzada romana precisamente y,peor aún, de noche.
Jesús los despierta les pide que recen con Él, vuelve a apartarse de ellos para orar privadamente, vuelve a sentirse morir de angustia y cuando, con la ayuda del Padre, consigue reponerse,regresa con sus amigos y vuelve a descubrir que están otra vez dormidos. Entonces se reúnen con los que habían quedado atrás y cuando Jesús les reconviene por su falta de tensión en la oración, aparece en el huerto Judas rodeado de hombres armados.
Judas encabezaba una tropa compuesta por agentes de seguridad del templo, que como hacían su servicio desarmados no llevaban más que palos y antorchas, y por un destacamento, acaso solo un pelotón, de soldados romanos de la Torre Antonia, vecina al Templo que sin duda el Sumo Sacerdote había pedido “prestado” al centurión al mando..
imagen de salirconarte.com

Pero fuesen los que fuesen los miembros del grupo que encabezaba Judas, este se acercó al Maestro y le besó con fuerza. ¿Jesús le preguntó con amargura “¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre”, pues ese beso era la señal convenida para que la tropa pudiese identificar entre todos los que estaban allí a quién debían detener. A traidor y traicionado no les dio tiempo a cruzarse más palabras porque los soldados inmediatamente se echaron sobre Él y lo prendieron,
La versión de Juan varía un poco de la de los Evangelios Sinópticos. Según el 4º evangelista cuando los malos le dijeron que a quien venían a buscar  era a Jesús Nazareno, Él contestó sin arrugarse “¡Yo soy!”, a consecuencia de lo cual la cuadrilla armada cayó al suelo. Luego se volvió a repetir la conversación y ya fue arrestado. Parece que la idea de Juan al narrar así el episodio,era transmitir que al Maestro se le detuvo porque Él quiso, porque se dejó, pues demostró ser capaz de derrotar a los que venían a por Él.
Bueno, pues en el quirigay que se organizó entre discípulos y guardias por la detención de Jesús,Judas se quitó de en medio mientras que Pedro, por su parte, sacó su espada y le golpeó en la cabeza, cercenándole la oreja, a un tal Malco, que era uno de los hombres de seguridad del Templo. Jesús, para apaciguar los encrespados ánimos, ordenó a Pedro que envainase su acero, tomó laoreja del suelo y se la “pegó” otra vez en su sitio al herido.
Detenido, maniatado y con una soga al cuello, el Mesías fue llevado como un delincuente vulgar hasta la casa de Anás, que era el anterior Sumo Sacerdote y, como tal y suegro de Caifás, el hombre más influyente de Israelen cuestiones religiosas y jurídicas. Anás procedió a interrogarle y allí, en su casa, empezó la tortura física de Jesús, pues uno de los siervos de la casa le pegó un bofetón[2] tras una respuesta que consideró impertinente.
Anás, comprendiendo que la presencia del detenido en su casa suponía una cierta anomalía jurídica, lo remitió al palacio de su yerno, el Sumo Sacerdote Caifás. Entre tanto, todos los apóstoles se habían escaqueado menos Juan y Pedro, que seguían a cierta distancia a su Maestro y al grupo que le conducía, Cuando metieron a Jesús en el palacio Juan pudo pasar,pero Pedro hubo de quedarse el patio donde se reunía el servicio de la casa.
El propio Sumo Sacerdote, Caifás,que estaba esperando la llegada del detenido, se hace cargo del asunto de manera personal. En realidad no se trataba de un juicio, porque este estaba previsto para el día siguiente por la mañana, sería tal vez algo así como un vista previa aún en la fase de instrucción. De manera que Caifás comienza un interrogatorio entreverado con la deposición de testigos que, o tergiversaban las palabras de Jesús o simplemente las falseaban. En realidad se le estaba presionando para que en algún momento dijese algo palmariamente condenatorio y así tener motivo legal para ejecutarle.
Como Jesús respondía con manso silencio a las agresivas preguntas de los sacerdotes, Caifás, exasperado le fuerza a que declare de forma definitiva quién es:
-Te exijo quelo declares de una vez por todas: ¿Eres el Mesías, el Hijo de Dios?
Jesús contestó afirmativamente y, para que no hubiese dudas, se extendió brevemente sobre su puesto en el Cielo junto a Dios Padre y como Juez eterno.Así que los sacerdotes no tuvieron más remedio que condenarlo a muerte pues afirmar tal cosa era una blasfemia.
Pedro, mientras tanto, estaba en el patio con la servidumbre esperando acontecimientos cuando se acercó a él una chica del servicio, más tarde otra y en tercer lugar un grupo de hombres; todos le preguntaron si no era él uno de los del grupo de Jesús, pues su acento galileo lo delataba. Pero Pedro en las tres ocasiones dijo no saber nada de aquello ni conocer a aquel tipo de nada. Cuando hubo negado cobardemente por tres veces su amistad, su cercanía al Maestro, cantó el gallo de un corral cercano y entonces recordó que en el Cenáculo Jesús le había dicho que antes de que llegase la madrugada, antes de que cantase el gallo, le negaría hasta tres veces. Inmediatamente se arrepintió. Dice la leyenda que cuando murió tenía un surco en cada mejilla formado por las lágrimas que de sus ojos habían brotado durante toda su vida por la pena de haber fallado, a la primera, a su amigo y rabí.
En cuanto los servidores de los escribas y sacerdotes que estaban aquel momento oyeron como sus jefes le declaraban reo de muerte,la emprendieron con él a golpes, escupitajos, patadas, puñetazos. Era un linchamiento absolutamente fuera de la ley que se producía en presencia de unos sacerdotes que nada hicieron para detener aquello. Los esbirros le habían puesto una sábana por encima de para golpearle sin tener que soportar la mirada de su víctima y, entre carcajadas, le pedían que ya que tenía poderes especiales, adivinase quién había sido su agresor
Luego, cundo se cansaron, lo echaron en el suelo de una oscura ergástuladonde pasó la noche heldo,herido, magullado y sin los cuidados de nadie.

© Canel
9 de abril
AÑO 1º de CONFINAMIENTO




[1] Sudar sangre no es una frase hecha.Es un síndrome, hematohidrosis, que, aunque no muy habitual,está suficientemente descrito en  la literatura médica. Siempre aparece relacionado con situaciones de angustia y otras tensiones neurológicas.
[2] Dar un bofetón estaba castigado por la Ley: 200 denarios con la mano abierta y 400 si se daba de revés. Mucho me temo que en este caso la multa no es que no se cobrase, es que ni siquiera se tramitó.

¿DÓNDE ESTABA JUDAS EL MIÉRCOLES SANTO?


IV.- MIÉRCOLES SANTO

Ningún texto serio presenta actividad alguna de Jesús el miércoles de la semana en que morirá. La mayoría de los autores consideran que, por la razón que fuere, pasó todo el día en Betania, aunque, de forma poco precisa. Lucas contradice esta opinión, porque, tras hacer una descripción genérica de la actividad de Jesús en los días previos a la Última Cena, finaliza, como vimos al final de la crónica del martes, diciendo: “Durante el día enseñaba en el Templo y salía a pasear por la noche en el monte llamado de los Olivos”. No hace excepción del miércoles.
Pero aunque, por la razón que fuere, no se nos relatan hechos destacables del Maestro en ese día, la realidad es que los engranajes de la Historia no se detuvieron.
Cuando Jesús resucitó a su amigo Lázaro,el Sanedrín[1], que por entonces era francamente saduceo, se puso de los nervios porque, como los saduceos no creían en la vida del más allá, aquel milagro los desconcertaba. Pero el principal motivo de su inquietud era que observaban cómo el movimiento en torno a Jesús crecía demasiado y demasiado rápidamente,y temían que en cualquier momento se levantase una rebelión.
Así que a la vista de las noticias que se venían recibiendo de las andanzas de Jesús por las regiones del norte de Palestina, y ante el patente riesgo de una revuelta más o menos sangrienta, se decidió su muerte.Fue en aquella reunión donde Caifás[2] pronunció la célebre y maquiavélica, avant la letre, frase: “A veces conviene que muera solo un hombre para que se salve todo un pueblo”.
El siguiente paso en la conspiración contra Jesús lo dio el propio Judas Iscariote. Ya vimos que cuando María ungió a Jesús en Betania en el banquete del sábado anterior, este recriminó con cierta aspereza su ruindad a los discípulos que criticaban, tal vez inmoderadamente,el dispendio de 300 denarios realizado para comprar el ungüento de nardo que se utilizó en aquella unción. Y al frente de los descontentos estaba Judas, pues no en balde era el encargado de llevar la tesorería del grupo de los 13. Pues bien, una de las consecuencias de este desencuentro entre Judas y su rabí fue (o mejor dicho: posiblemente fue) que el todavía apóstol, disgustado por la reconvención recibida, se puso en contacto con los sacerdotes prometiendo facilitarles el prendimiento del Maestro.
Ahora, en la reunión que se estaba manteniendo ese miércoles en el Palacio del Sumo Sacerdote José Caifás, que era saduceo, para urgir la ejecución de la idea de quitar de en medio a Jesús, los planes estaban bloqueados, porque no quedaban más que 48 horas para la Pascua y aún no se había encontrado la fórmula para echarle mano.
La necesidad de apresar a Jesús antes de la Pascua y secretamente resultaba indispensable a los conspiradores, pues esa fiesta tenía un carácter hipernaconalista y se temía que cualquier alboroto podría desembocar en una indeseada revuelta, cuya primera consecuencia sería la intervención de la guarnición romana y la consiguiente vuelta de turca a la presión de la potencia colonizadora sobre el pueblo judío.
Todos estaban de acuerdo en que la urgencia de actuar pero…¿Cómo hacerlo?
Entonces Caifás tuvo la suerte  de ver cómo Judas se presentó en aquella reunión descascando el problema(iba a escribir que a Caifás le vino Dios a ver, pero no sé si es oportuno).
Judas delante de Caifás. Foto: Xavi Calzada publicada en https://festespopularscat.wordpress.com/category/la-pasion-de-olesa/

Se han gastado garrafas de tinta  para explicar esta traición. Desde luego lo de las 30 monedas de plata que se le ofrecieron (y él admitió) no parece motivo suficiente, entre otras razones porque la cantidad no era de suficiente montante como para acallar una conciencia de algo tan horrible como era la traición al Maestro.
Sin duda tuvo que haber otras razones, empezando por la herida a su amor propio cuando Jesús le reconvino públicamente en el episodio de los ungüentos. Acaso fue la decepción de no oír decir taxativamente a su jefe en el Templo que no, que no era lícito pagar el tributo al césar. Juan afirma de él que era un ladrón y Asimov, siempre creativo, especula con la posibilidad de que fuese un ultranacionalista que estaba en el grupo, si no como un topo si como agente provocador o, al menos, como informador de los zelotes.
Es posible que Judas esperase ver al Señor como el líder que llevaría al pueblo de Palestina a la revuelta y, estando desencantado, pretendiese moverlo hacia la violencia cuando se diese cuenta de que venían a prenderle… Seguramente nunca se sabrán sus motivos, pero sí es verdad que no es infrecuente encontrar analistas que tratan la figura del villano por excelencia con cierta comprensión. Uno de ellos, sorprendentemente, el cardenal Ratzinger, que incluso ve el lado positivo de la traición en el arrepentimiento y posterior suicidio de Judas.
Y también, porque “hay gente pato’o”, se puede encontrar a quien, con peligroso racismo (galileos buenos vs. judíos malos), no se extraña de lo ocurrido siendo Judas el único personaje auténticamente judío en un grupo en el que todos los demás eran galileos.
Así pues, el ofrecimiento que Judas había hecho el sábado a los fariseos de avisarles de cómo y cuándo se podía trincar al Maestro, cristalizaba ahora: el traidor informó a los reunidos de que los llevaría, ya de noche, hasta un punto retirado de la ciudad donde podrían prenderle sin necesidad de publicidad alguna.

© Canel
8 de abril
AÑO 1º de CONFINAMIENTO




[1] El Sanedrín era la máxima autoridad religiosa, judicial y política del pueblo judío.  Lo presidía el Sumo Sacerdote y lo componían 71 miembros, sacerdotes, sabios, escribas, ancianos… que se solían agrupar en dos “partidos”: los fariseos y los saduceos. No se conoce bien su forma de funcionar. A mediados del s. II a. C., esta institución fue liquidada por los romanos.
[2] Caifás, a quien el historiador contemporáneo de los hechos Flavio Josefo llama José Caifás, era el Sumo Sacerdote

¿ DÓNDE ESTABA JESÚS EL MARTES SANTO?


III.- MARTES SANTO
Volvió Jesús a la mañana siguiente a Jerusalén repasando con su gente más cercana el camino que habían andado dos veces el día anterior.
Cuando llegó al Templo se armó un pequeño revuelo porque muchos escribas de la ley, fariseos[1], saduceos[2] y ancianos le asaeteaban a preguntas. Pero pronto llegó una delegación oficial del poder religioso que le inquirió sobre quién le había otorgado a él poder para hacer las cosas que había hecho el día anterior.
La astucia de Jesús quedará patente viendo cómo supo sortear los mordiscos que le querían pegar los chacales fariseos.
-“Muy bien –les dijo- Contestadme vosotros: ¿El bautismo de [san] Juan de dónde era; del Cielo o de los hombres?”
En realidad la respuesta siempre les iba a dejar mal, porque si decían que del Cielo la reacción inmediata sería: “¿Entonces por qué no creísteis en él?”; pero si contestaban que de los hombres se pondrían enfrente a la mayoría del pueblo que siempre había tenido a Juan como un profeta[3]. Respondieron, pues, que no lo sabían, con lo que Jesús les espetó que, de acuerdo, pero que en tanto ellos no contestasen, Él tampoco lo haría.
En el subsiguiente debate dialéctico Jesús los vapuleó mediante parábolas y no solamente eso, sino que les dijo que, a los ojos de Dios, se encontraban cualitativamente por debajo de los publicanos[4] y las fulanas. Así que los fariseos, corridos, se retiraron a pensar en una nueva estrategia para pillarle. Y la encontraron utilizando el mismo sistema que había utilizado Jesús con ellos.

Volvieron a donde se encontraba y le preguntaron sobre la licitud de pagar el tributo a Roma. Jesús se dio cuenta de la trampa, pues si contestaba positivamente perdería su prestigio ante los antirrromanos, pero si contestaba que no, quienes se le echarían encima serían no solo los colaboracionistas, sino también los propios romanos.
La respuesta es de todos conocida pero de difícil exégesis. Jesús pide que le enseñen un denario y el que le muestran tenía, como todos, la efigie de algún poderoso político romano[5]. A la vista de la moneda, que debería llevar acuñada la cara de un césar, pronunció la famosa frase: “Pues dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.”
imagen extraida de: https://nuestrodios.com/al-cesar-lo-que-es-del-cesar/

Lo que Jesús quería decir es que aquella moneda con aquella efigie, no tenía relación con el pueblo judío; ni siquiera estaba permitido dar limosna en el Templo con ella. Lo que hizo fue desplazar el centro de gravedad del problema trasladándolo del mundo de la política al de la religión. Les estaba diciendo que él no hablaba de política; si aquello era del césar pues que se lo llevasen a Roma en buenhora, pero que esto a Él no le afectaba porque el ámbito en que se movía era el de la relación del hombre con Dios.
Es cierto que supo escapar del embroque sin un solo rasguño, pero también es cierto que, siendo su respuesta sin duda alguna una evasiva, transmitió  una sensación de cierta tibieza que desagradó a los zelotes e incluso a alguno de los más nacionalistas de sus discípulos. Ellos hubiesen querido oír algo tan taxativo como: “No. Es absolutamente ilícito”.
Prosiguieron los saduceos haciéndole preguntas, como, por ejemplo, con quién formaría pareja en el Cielo un hombre que se había casado varias veces (porque los saduceos no creían en la en la otra vida) y cuestiones similares. Una salida muy oportuna del Señor y que revela su profundo conocimiento de los textos sagrados, tuvo lugar cuando le plantearon de qué forma explicaba que podría ser Él el Mesías siendo galileo, cuando las Escrituras decían que el Ungido, el Cristo, sería hijo de la casa de David; o sea, de Judea.
Pero Él les citó el salmo 110, cuyo autor era el propio rey David, que dice: “Dijo el Señor [Yahvé] a mi Señor [Cristo]” Entonces –les preguntó- ¿cómo entendéis que David llame Señor a su propio hijo?
Esto puso en retirada a los sacerdotes saduceos con el rabo entre las piernas, pero los fariseos, vista la derrota de sus socios, toman el relevo y le preguntan cuál era el principal Mandamiento de la Ley.
La pregunta dejaba el círculo bastante cerrado porque se movía dentro de la Ley mosaica y la respuesta no era difícil de prever. En realidad, en todas estas preguntas se aprecia que lo que estaban haciendo los sacerdotes eran no solo poner a prueba sus conocimientos, sino que cometiese un error y expresase cualquier idea punible, cualquier blasfemia, para poder utilizarla contra Él. Si no es imposible concebir una pregunta tan simple como la de elegir entre los Diez Mandamientos el principal de ellos.
-Primero –contesta Jesús- amarás a Dios sobre todas las cosas y segundo amarás al prójimo como a ti mismo. Es curiosa esta segunda parte de la respuesta, que solo se puede justificar porque, como he dicho más arriba, la cuestión se circunscribía al ámbito de la Ley.
Amar al prójimo como a uno mismo constituye lo que hoy llamamos “regla de oro de la ética” y la formulan, de uno u otro modo, absolutamente todas las religiones, muchísimas otras corporaciones laicas y la inmensa mayoría de los filósofos. De hecho, el Levítico, que ya por entonces tenía 1.300 años de antigüedad, expresa la idea meridianamente, y siglos más tarde, unas décadas antes de Cristo, el gran ideólogo de los fariseos, Hilel, responde a la petición que le hacen de que emita un resumen de la Torá: “No hagas a tu prójimo lo que no quieres que te hagan a ti; todo lo demás es comentario.” No hará falta recordar que la Torá se componme de 5 libros y que supone más de un 15% del Antiguo Testamento.
Pero lo sorprendente es que esta conversación con los elementos judíos provocadores se produce en martes, cuando el jueves, solo 48 horas más tarde, Jesús va a soltar una de las bombas determinantes de su doctrina. Tal vez lo más decisivo después de su Muerte y Resurrección: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Vamos a reformularlo. “Amad a vuestro prójimo como solo puede amar un Dios”. Naturalmente que esto dejaría en mantillas la respuesta que había dado el martes.
Pero aún añadió más: “Este será el signo distintivo del cristiano”; su exclusividad.
Jesús aprovechaba aquellas horas en el Templo para enseñar a los oyentes los secretos de las Escrituras y explicárselos. Dicen los evangelistas que durante el día enseñaba en el Templo, por la noche paseaba por el Monte de los Olivos y luego dormía en Betania.





[1] [1] Los fariseos suponían el grupo religioso dominante (en número), en Palestina. Muchas de sus creencias eran comunes con el cristianismo, por lo que hay autores que creen que la familia de san José seguía la observancia farisea. Su característica era que lo primordial era el cumplimiento de las 613 normas que se habían dado. Esto les hacía odiosos a los ojos de Jesús, porque entre ellos se valoraban no por sus cualidades humanas o religiosas, sino por el grado de cumplimiento de la normativa., lo que suponía un monumento a la hipocresía.
[2] En aquel momento el Sumo sacerdote y los principales sacerdotes del judaísmo era saduceos.
[3] En realidad, Jesús les había planteado a los saduceos una “trampa saducea”, que es aquella pregunta en la que, se conteste lo que se conteste, el que responde siempre sale perjudicado. Un poco más adelante ellos le devolverán la moneda. La expresión “trampa saducea” viene de aquí aunque, como se ve, el primero que la usó fue Jesús.
[4] Los publicanos eran cobradores de impuestos que obtenían de Roma una concesión quinquenal que conseguían por una subasta pública. Por lo tanto, apretaban al pueblo para sacar el mayor beneficio posible a lo que pagaron por poder ser recaudadores. Además, eran necesariamente colaboracionistas con los romanos. Todo ello hacía que los judíos los despreciasen.
[5] Había varios tipos de denarios en circulación; no se puede saber cuál fue el que le presentaron.

¿ DÓNDE ESTABA JESÚS EL LUNES SANTO?


II.- LUNES SANTO
El lunes, segundo día de su estancia en el área de Jerusalén, Jesús se levantó, hizo sus abluciones, digo yo que rezaría y desde Betania, en la falda del Monte de los Olivos, partió con los doce para ir al templo a enseñar.
Como hasta hoy no ha posible fijar exactamente la cronología de lo ocurrido en los días que van desde el Domingo de Ramos hasta el prendimiento en el Huerto de los Olivos, intentaré conciliar la información de mis fuentes para acercarme lo más posible a lo que creo que pasó.
Una característica de estos días es que, en opinión de casi todos los comentaristas, se nota una profunda tristeza, un aplanamiento, acaso duda o debilidad en un Cristo/hombre que hasta entonces siempre se había mostrado equilibrado y sereno. Es probable que dudase y que se preguntase por qué estaba haciendo esto en vez de haber creado un hogar con una tranquila esposa y traviesos churumbeles. Tal vez sufriese momentos de flaqueza y, de hecho, lo veremos casi casi arrojar la toalla en el Huerto de los Olivos teniendo que pedir la ayuda del Padre, para superar su stress.
Pues eso. Que camino de Jerusalén vieron una higuera y, como el Señor tenía gazuza, se acercó al árbol para descubrir con decepción que, a pesar del verdor de sus hojas, no tenía frutos. Jesús maldijo a la higuera condenándola a la esterilidad, pero los exégetas bíblicos explican que no se trataba de un enfado o de una pueril venganza contra un ser inerte e incapaz de tomar sus propias decisiones, sino que estaba creando la imagen de lo que era el Templo: mucho follaje por fuera y absolutamente huero por dentro. La maldición no iba dirigida al árbol, sino que, entre líneas, se podía leer que iba dirigida contra el sistema religioso judaico.
Al llegar Jesús al Templo[1] se encontró con un desagradable espectáculo: decenas de mercaderes hacían sus negocios en puestos instalados en el interior del templo. En el Éxodo, que ya prescribe la presencia de los varones judíos en el Templo tres veces al año, Yahvé es taxativo: “Nadie se presentará ante mí con las manos vacías”, lo que obligaba a comprar sus ofrendas a quien, por cualquier razón, no podía llevarlas desde casa. Y también en el Éxodo, el Primer Mandamiento de las Tablas de Moisés, ese que hoy citamos abreviadamente como “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, prohibía la reproducción de figuras humanas. Por lo tanto, los judíos que venían desde otros países, los de la Diáspora, tenían que canjear las monedas que traían de sus naciones con la efigie de quien les gobernaba por las monedas judías que se decoraban con motivos ornamentales. Así que era lógica la existencia de estos puestos de cambistas y, casi con seguridad, legal, porque no se puede dudar de que los propietarios de los comercios pagaban un canon al Templo por poder instalarse allí.
Jesús, en episodio de todos conocido, y repetido hasta la saciedad por los pintores de temas sagrados, formó un látigo con unas cuerdas y, a patadas y a golpes, expulsó a los mercaderes del recinto sagrado derribando sus puestos con las jaulas de palomas, monedas, panes…
En realidad todo la crítica parece estar de acuerdo en que aun siendo legal lo que hacían los comerciantes, la actitud de Jesús también fue legal, como lo demuestra el hecho de que no intervinieran para restablecer el orden ni la policía interna que tenían los levitas[2] en el Templo ni la fuerza militar romana de la vecina Torre Antonina.
En mi opinión, aquí hay algo descuadrado. Si hubiese habido pocos puestos, sin duda Jesús no se habría indignado, pero si hubiese habido muchos, no parece verosímil que sus propietarios se dejasen apabullar por una sola persona. Además, la lógica nos dice que los puestos se localizarían en los patios, es decir, en el exterior del Templo propiamente dicho,  probablemente bajo las los peristilos o soportales que rodeaban a los atrios. Y eso crea una nueva dificultad, porque había un atrio para los judíos, donde deberían estar por lógica los tenderetes de animales, otro atrio para las mujeres y un tercero para los gentiles, para los extranjeros, lo que nos permite suponer que allí se concentrarían las mesas de los cambistas. ¿Fue Jesús recorriendo los tres atrios?
Yo creo que lo sucedido no pasó de una simple discusión a resulta de la cual un par de puestos rodaron por el suelo, sin más damnificados, aparte de las palomas y conejos, que un par de frágiles tenderetes de madera y tiritaña. Ambas circunstancias, brevedad y levedad, explicarían la ausencia de actuación de las fuerzas de seguridad en el lance.
Pero algo de todo esto que aún nos afecta. El arrebato de violencia de Jesús dio pie a que algunos analistas lo incluyesen entre los zelotes[3], grupo  político-religioso que preconizaba la lucha armada contra el invasor romano. Esa idea se retoma en muchos siglos después, en la Ilustración, y por fin, los movimientos revolucionarios armados, a veces terroristas, que eclosionan en la década de los 60 del pasado siglo, identifican a Jesús como uno de los suyos: radical y violento ante la injusticia si es necesario.
Asimov imagina otro panorama. Cree posible que Jesús, en sus andanzas por el norte del país, hubiese oído a ingenuos campesinos quejarse de cómo aquellos vendedores de retorcido colmillo los engañaban al llegar al Templo, con lo que se enrabietaría al verlos Y, por otra parte, imagina que los mercaderes habrían obtenido sus permisos para instalarse en el ámbito general del edificio, pero que, en connivencia seguramente venal con los sacerdotes, habían invadido partes vedadas del Templo. Pudiera ser.
imagen sacada de wikipedia, museo de indianapolis, cuadro del Greco: https://es.wikipedia.org/wiki/La_expulsión_de_los_mercaderes_(El_Greco,_Minneapolis)

Es curioso que los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, los llamados Evangelios Sinópticos[4], pongan este incidente un par de días antes del apresamiento de Jesús, mientras que el Evangelio de Juan, lo ubica al principio de su vida pública. Con el fin de allanar esta dificultad cronológica, algunos autores consideran que hubo dos expulsiones de mercaderes. También es llamativo que Jesús hubiese estado otras tres veces en el Templo, una el día anterior y no se hubiese percatado del problema.
Sea como fuere, lo cierto es que Jesús logró terminar aquel asunto de forma victoriosa para su posición, tan es así que, acabado el incidente, según San Marcos se quedó “enseñando” y nadie lo expulsó de allí por alborotador, y así iba dando valor público a su poder.
Y dolía especialmente a los escribas[5] y saduceos[6] que por allí andaban, ver cómo elegía, para su comentario, un texto del Libro de Isaías que decía: “Mi casa será llamada casa de oración”, contraponiéndolo a otro de Jeremías que se podía leer que la habían convertido en “cueva de ladrones”. Jesús había alcanzado con este enfrentamiento tal poder, tal imperium, que incluso detenía, como si tuviese allí algún mando, a los cargadores o servidores de los mercachifles que andaban por medio del Templo acarreando bultos.
Lo peor para los sacerdotes, que ya tenían decidida su muerte desde poco después de que resucitase a Lázaro, es que tras la trifulca con los vendedores, se llegaron a Jesús los cojos y los ciegos del templo y, dice Mateo sin la menor emoción, como si fuese lo suyo: «los curó»; solo le falta al evangelista añadir ¡Ea!.
Terminada la faena Jesús abandonó el Templo.
Claro; si los sacerdotes ya tenían decidida la muerte de Jesús y encima, desde que llegó a Jerusalén, el primer día provocó una manifestación de fervor popular a su favor, y el segundo, además de cargarse el negocio que tenían montado con los mercaderes, los insultó llamándoles ladrones y, luego pasó la tarde sanando a ciegos y a cojos, ahora lo que les entró fue la prisa por ejecutarle. Pero tenían que tener cuidado porque, para evitar disturbios, su detención debería hacerse por la noche, y era evidente que siempre iba rodeado de bastante gente.
Al salir del templo, Jesús, y usaré una pintoresca expresión del jesuita del siglo XVI, Luis de la Palma, «no habiendo nadie que le invitase a cenar ni a dormir, se volvió con sus discípulos a Betania aquella noche.»
Aún una cosa más. Cuando regresaban, Pedro le indicó que la higuera a la que lanzó la maldición aquella mañana  se había secado en solo unas horas. Jesús, que no daba puntada sin hilo, puso ese hecho como ejemplo de lo que puede la fe: Él se lo había pedido al Padre con fe y por tanto lo había obtenido. Cualquier solicitud hecha al Padre con fe, sería capaz de mover una montaña.
Era ya tarde cuando se fueron a dormir.

© Canel
6 de abril
AÑO 1º de CONFINAMIENTO





[1] El Templo que aparece en el Nuevo Testamento no es el de Salomón, que se edificó en el s. X a.C. y permaneción 4 siglos en pie hasta que loderribó Nabucodonosor II. En 535 fue rehecho exactamente ene l mismo punto en que estaba el anterior, pero mucho más modesto.
[2] Los levitas eran los sacerdotes. Se llamaban así porque pertenecían a la tribu de Leví. Cuando las 12 tribus llegaron a la Tierra Prometida y se la repartieron, Yahvé ordenó que la tribu de Leví se encargase con exclusividad del sacerdocio, con lo que no se le dio tierra para cultivar.
[3] Los zelotes eran un grupo político religioso proclive a la expulsión de los romanos por medio de la violencia. En realidad, se fuese miembro activo de la secta o no, el movimiento zelote, en los tiempos de Jesús, flotaba en el ambiente de Palestina. Simón el Cananeo, uno de los apóstoles, era zelote.
[4] Los Evangelios Sinópticos  se llaman así porque son los tres tan similares que pueden organizarse en paralelo, en forma de cuadro, para ir confrontando unos textos con otros. No es, por tanto, una calificación teológica, sino que se refiere a la metodología que se puede emplear para su estudio.
[5] Los escribas, entre otras funciones, eran notarios e intérpretes de la Ley. Ejerciendo esta última función no podían cobrar (solían tener otros trabajos), pero era evidente que lo hacían. En su mayoría pertenecían a la observancia farisea.
[6] Era una secta del judaísmo que tenía ya 1.000 años de antigüedad. Sus miembros eran de alto nivel social y exigían la máxima severidad en las prácticas religiosas. En tiempos de Jesús formaban la cúpula del gobierno de la Iglesia Judía, siendo los Sumos sacerdotes de observancia saducea.

¿ DÓNDE ESTABA JESÚS EL DOMINGO DE RAMOS?


I.- DOMINGO DE RAMOS
El sábado anterior a su pasión y muerte, 8 del mes de nisán (28 de marzo), Jesús llegó a Betania y se instaló en casa de sus amigos Lázaro (Simón el leproso como le llama Renan), Marta y María. Había llegado andando, claro, junto a sus doce apóstoles, desde el monte Hermón, como a unos 120 km al norte de la capital del reino judío,
Allí en Betania fijó Jesús su “cuartel general”, de forma que los siguientes 4 días, hasta que los romanos le echaron mano en el Huerto de los Olivos, al terminar sus actividades en Jerusalén se volvía a dormir a casa de sus amigos, que no distaba más allá de 4 km.
En la casa de Lázaro tuvo lugar un episodio, en principio banal, pero que más adelante veremos que tal vez tuvo consecuencias decisivas. El anfitrión había organizado una comida bastante concurrida y, durante ella, María ungió los pies del  Señor con unas bastante caras cremas aromáticas, mostrando así su total sumisión al Maestro. Luego, arrodillada, le secó con sus propios cabellos. Pero el elevado precio de los ungüentos  que María usó motivó el que algunos de los presentes mopstrasen su desagrado por tan desmesurado gasto en algo a todas luces superfluo. Y, naturalmente, a la cabeza de los descontentos estaba el cajero del grupo, el encargado de llevar la baca, recaudar las donaciones, pagar los gastos y dar las limosnas: Judá el nacido en Kerioth (Judas Iscariote), que era el quien mejor conocía el estado de las finanzas y que estimaba que el importe gastado por María en cremas para el rabí, hubiese sido más útil si lo donado a la tesorería comunitaria.
Pero Jesús, en cuyos planes estaba el hacer valer en los días previos a su muerte su imperium, recriminó a los disidentes su ruin actitud, aunque tal vez lo hiciese de forma algo cortante cortante.
El domingo 9 de nisán Jesús se dirigió a Jerusalén. Parece que no tenía un plan especial. Simplemente, en línea con su proyectos para estos últimos días, quería ser digamos que “entronizado”, como cualquier rey que llega a tomar posesión de su cetro, en la capital política y religiosa del reino para dejar constancia de su real autoridad. Encargó a sus hombres que le consiguieran un borrico y ellos, siguiendo sus precisas instrucciones, le trajeron uno que jamás había sido montado como les había ordendo. Curiosamente los apóstoles lo cogieron sin permiso de nadie y cuando fueron sorprendidos en flagrante delito de abigeato, alegaron que era para Jesús y que lo devolverían más tarde, pero luego los Evangelios no vuelven a decir nada respecto a la prometida devolución.
imagen extraida de http://unidosxisrael.org/noticias/el-monte-de-los-olivos-conoce-su-historia/

Desde Betania subió hasta el Monte de los Olivos y allí se detuvo, como ahora se detienen tantos miles de  turistas, para contemplar la ciudad desde lo alto. La leyenda dice que Jesús lloró[1].a la vista del escenario de su cercana muerte.
El sábado siguiente, 14 de nisán iba a ser la pascua judía (pesaj), que conmemoraba (y aún conmemora) el fin de la esclavitud de los hebreos en Egipto; la noche en que el Ángel Exterminador se paseó por todos los hogares egipcios llevándose por delante la vida de los primogénitos de cada uno de ellos, episodio que recoge inolvidablemente la película “Los 10 mandamientos” (1956). El libro del Éxodo, ya prescribía que al menos en tres ocasiones al año todos los varones judíos debían acudir a Jerusalén, aunque el precepto no se activó, aunque muy relajadamente, hasta que Salomón no terminó su fastuoso templo hacía nada menos que 1.000 años; eran “de precepto” la fiestas de Pascua, la de Pentecostés (50 días más tarde) y la de los Tabernáculos (sucot), que se celebraba entre finales de septiembre y principios de octubre (del 15 al 22 del mes de thishrei).
Pronto se supo en Jerusalén la noticia de que Jesús, con su séquito de apóstoles y discípulos más cercanos, se encaminaba a la capital. La ciudad era una urbe no muy grande, de unos 40.000 habitantes, pero probablemente en aquellas fechas casi había doblado su población pues miles de peregrinos habían llegado, muchos de ellos haciéndose acompañar por sus familias e, incluso, trayendo sus animales de carga portando en sus alforjas algún producto con el que negociar o las ofrendas que pensaban entregar a los sacerdotes[2] para que fuesen sacrificadas a Yahvé.
En realidad los jerosolimitanos no tenían demasiadas referencias sobre Jesús. Últimamente, con motivo de la resurrección de Lázaro, su imagen se había dado a conocer algo más, pero entre los peregrinos sí había muchos que sabían quién era y que, con más o menos intensidad, eran seguidores suyos. Sus fans, mayoritariamente galileos, le saludaban durante su camino hacia el Templo agitando ramas de árboles, usualmente palmeras, y echándolas a su paso para alfombrar su camino como muestra de su respeto a la realeza que se suponía correspondía al Mesías.
El grito más frecuente que se oía era el de “¡Hosanna!”, palabra hebrea, aunque de raíz aramea, que quiere decir “¡Sálvanos!”. A día de hoy parece una palabra absolutamente encarnada en el rito religioso judío o cristiano, y así lo había sido en el judaísmo durante siglos,  pero en aquellas fechas no ocurría así; de hecho, Ratzinger reconoce que quienes gritaban esto al paso de Jesús no eran tanto sus seguidores espirituales, como aquellos que esperaban la llegada de un Mesías que les librase, que les salvase, del yugo romano reinstaurando el reino de Israel.
Pero los seguidores de Jesús debían alborotar tanto que, en cierto momento, algunos fariseos que andaban por allí, sin duda alguna en misiones de “inteligencia”, le pidieron que se dirigiese a su gente pidiendo un poquito de calma. Pero Jesús, enigmáticamente les contestó:
-Si yo les hiciese callar, gritarían las piedras.
Los habitantes de Jerusalén, como digo, no sabían quién era Jesús, así que preguntaban a los que le conocían:
-¿Quién es este?
-Es Jesús de Nazaret, el Mesías.
A lo que el hierosolimitano, moviendo la cabeza respondía.
-¿Y un simple galileo pretende ser nuestro salvador?
Porque los judíos despreciaban a los galileos y ambos pueblos se odiaban. Aunque debe recordarse que, en puridad, Jesús no era galileo, sino judío, pues nació en Belén de Judea patria chica nada menos que del rey David, aunque, según todos los indicios, san José si era nazareno, y lo que después hemos llamado la Sagrada Familia se instaló de nuevo en Nazaret al regreso de su Huida a Egipto.
En fín. A aquel al que esperaban que fuese con la pompa y el aparato de un rey no se le vio sobre un brioso caballo, sino sobre un simple asno. Estaba claro que lo que exhibía Jesús era que su autoridad no dimanaba de los signos externos.
¿Y a qué fue Jesús el domingo a Jerusalén? Pues parece claro que a reconocer el terreno en el que se desarrollaría el drama de su juicio, tortura, ejecución y el milagro de su resurrección durante los siguientes días. No hay noticias claras de una actividad destacada. Marcos señala que llegó al llegar al Templo, entró en él, observó los alrededores y se volvió con los doce a Betania, mientras que Juan incluye en esta jornada el incidente de la expulsión de los mercaderes del templo que los otros tres Evangelios, los llamados sinópticos, ubican cronológicamente en los siguientes días.
© Canel
5 de abril
AÑO 1º de CONFINAMIENTO





[1] Quien esto escribe, en su único viaje a Tierra santa, quedó muy decepcionado, aunque debe admitir que el panorama de Jerusalen al atardecer desde el Monte de los Olivos, lo emocionó.
[2] Llamados levitas porque pertenecían a la tribu de Leví, que tenía kla exclusividad del sacerdocio.

SERIE: QUÉ HIZO JESUS CADA DIA DE LA SEMANA SANTA

Ayer se me ocurrió enviar a todos una interpretación personal de lo que sé (y consulto) de la peripecia de Jesús en cada uno de los días de la Semana Santa. Publicaré, por tanto, 8 capítulos; de Domingo de Ramos a Domingo de Resurrección y, cada día, refiriéndome a lo que Jesús hizo en cada una de esas jornadas.
El asunto consiste en contar hechos reales pero, sin mengua de la calidad  ni de la veracidad (si es que en la Historia hubo alguna vez algo de veracidad), reduciendo un poquito la distancia entre los textos cultos y los usos de la calle; o sea, contarlas cosas como se hablarían dos AMIGUETES dando un paseo.
Espero que te guste.
Una brazo.
Canel. en Madrid a Sabado 4 de abril de 2020